Buenos Aires – Peregrinación a Lujan

La historia de la devoción a la Virgen María bajo la advocación de “Luján”, en las comarcas del Río de la Plata (Argentina), se remonta al año 1630, cuando dos imágenes traídas desde el Brasil fueron cargadas en el puerto de Santa María del Buen Ayre sobre una de las tantas carretas que pacientemente hacían el recorrido entre Buenos Aires y el norte del País. Un portugués afincado en Santiago del Estero quiso levantar una capilla en la cual se pudiera celebrar misa y, a la vez, honrar a la Virgen Santísima en el misterio de su Inmaculada Concepción. Este portugués, llamado Farías, pidió a un amigo suyo, probablemente Andrea Juan, marino de profesión, que le enviara una imagen de la Purísima. El marino contestó a su amigo de Santiago enviándole, en sendos cajones, dos imágenes de la Virgen: una de la Inmaculada, otra de la Virgen con el Niño.

El convoy salió de la ciudad fundada por Garay cincuenta años atrás (11 de junio de 1580). Pasó la segunda noche en la estancia de Diego Rosendo, que lindaba con el Río de Luján. Al amanecer del tercer día la caravana que se dirigía a Córdoba de Tucumán, no pudo salir del lugar, pues la carreta que llevaba las dos imágenes no arrancó de su sitio, por más yuntas de bueyes que le uncieran. Después de muchos esfuerzos, los intrigados arrieros bajaron el cajoncito que contenía la imagen de la Inmaculada, y la carreta arrancó como pluma que lleva el viento. Los conductores del convoy comprendieron entonces que Dios quería que esa imagen, que empezaba ya a obrar portentos, no siguiese el itinerario fijado, sino que permaneciese en esos parajes. Así lo interpretaron. Así lo hicieron. Juzgaron inútiles los esfuerzos que hacían para mover la carreta, después de diversos intentos por cargar la Imagen. Esto es lo que se llamó “La detención de la carreta” o “El Milagro de Luján”.

La Sagrada Imagen impactó a aquellos sencillos carreteros, incapaces de inventar semejante hecho. Y lo suficientemente realistas y hombres de Fe para descubrir el “paso” de Dios en ese “paso” del río Luján. Los arrieros llevaron la Imagen a la casa vecina de la estancia, que era de don Diego Rosendo. Luego prosiguieron su viaje sin tropiezo, conduciendo la otra Imagen, conocida como “Nuestra Señora de la Consolación” y que se venera hoy en Sumampa, de Santiago del Estero.

Fuente: Peregrinacionlujan.org.ar