Don Artémides Zatti, el enfermero Santo de la Patagonia

Relitour Portal de Viajes, Peregrinaciones y Turismo Religioso Foros Turismo en General Don Artémides Zatti, el enfermero Santo de la Patagonia

Este debate contiene 0 respuestas, tiene 1 mensaje y lo actualizó  Federico A hace 3 años, 3 meses.

  • Autor
    Publicar
  • #14543 Respuesta

    Federico A

    Historia de un beato patagónico que nació en italia, pero que pasó la mayor parte de su vida en la comarca Viedma-Carmen de Patagones y que por sus acciones y milagros la devoción popular lo transformó en Santo mucho antes que el Vaticano.

    Artémides Joaquín Zatti, nació en Boretto Reggio Emilia, Italia un 12 de octubre del año 1880 y fue bautizado ese mismo día en la Parroquia San Marcos.

    Es el tercero de ocho hermanos. Hijo de Luis Zatti y Albina Vecchi -fervientes cristianos- emigran a la Argentina en 1897, donde vivía un hermano de su padre, precisamente en la ciudad de Bahía Blanca.

    El 19 de abril de 1900 ingresa al aspirantado salesiano de Bernal y cuidando a un enfermo de tuberculosis contrae la enfermedad y su estado de salud es muy delicado. Por ese motivo es enviado a la comunidad salesiana de Viedma en 1902, para ser atendido por el “Padre Doctor” Evasio garrone. Desde ese mismo momento empieza su dedicación a los enfermos como ayudante de farmacia en la botica salesiana. Allí cruza su vida (en 1903) con otro enfermo de tuberculosis, también consagrado beato, Ceferino Namuncurá.

    Zatti, con apenas 22 años, rogaba a María Auxiliadora para curar su mal. Una efermedad impiadosa y terminal por aquellos días. Sin embargo obtiene la gracia de la sanación total, tras la promesa de dedicar toda su vida al cuidado de los enfermos.

    Y Don Zatti, cumplió con creces su promesa a la Virgen a lo largo de su vida. Que parecía iba a terminar muy pronto pero con el legado divino, se extendió cinco décadas más, para llevar consuelo, alivio y curación a los más necesitados en la por entonces aislada Patagonia Argentina.

    En 1908 se consagró a Dios como salesiano coadjuntor y el 18 de febrero de 1911 hace sus votos perpetuos. En 1934 participa representando a los hemanos coadjuntores patagónicos de la canonización de Don Bosco.

    Desde 1911 a 1951 se entregó en el hospital San José -el primero de la Patagonia-, al cuidado y servicio de los enfermos y de los pobres a tiempo completo: como enfermero, farmacéutico, administrador y hasta como director.

    Su amor apostólico y su corazón solidario lo movía a visitar día y noche, en su legendaria bicicleta a los enfermos de Viedma y Patagones.

    El 2 de febrero de 1951 pide la Santa unción de los enfermos. Muere serenamente, el 15 de marzo dejando escrito su certificado de defunción.

    Los restos de Don Zatti descansan en la iglesia Don Bosco de Viedma; sus milagros comprobados y su vida dedicada a los enfermos, con piedad alegría y trabajo, motivaron al papa Juan Pablo II, a consagrar su beatificación en Roma, el 14 de abril de 2002.

    LA SACRISTANA QUE LO RECUERDA

    Rosita Gusmeroli, tiene 87 años y desde hace 15 es sacristana de la Iglesia Nuestra señora del Carmén, en Patagones, allí una imagen de Don Zatti y otra de Ceferino, acompañan a la Virgen en el altar mayor.

    Rosita nos cuenta sobre Don Zatti y recuerda anécdotas, como aquella vez que llegó hasta su casa cuando su padre estaba enfermo. Lo hizo en su bicicleta, como era habitual, y si bien no era un cuadro de gravedad requería de comprar remedios caros; ante la cara de angustia de la familia, Zatti dejó sobre la mesita de luz como al descuido unos pesos para ayudar con la compra. “Era un hombre muy bueno, muy solidario; de esas personas que daba todo por el otro sin pedir nada a cambio”. Rosita se emociona, es que el beato Artémides Zatti, ofreció un singular testimonio de laico consagrado. Y nos dice: “cuando vaya a la iglesia donde están sus restos por favor pídale por mi” -y nos vuelve a repetir su nombre y apellido- “por favor, no se olvide, ando un poco mal de una rodilla y como salgo poco, solo vengo a la iglesia, no me puedo llegar hasta Viedma, y él es muy milagroso”.

    EL PADRE EMILIO BARASICH, SU TESTIMONIO Y EL RELATO DE UN AUTENTICO MILAGRO

    Se acaban de cumplir 57 años de la muerte de Artémides Zatti, Don Zatti, el enfermero del hospital salesiano consagrado a Dios y a los pobres. Los homenajes formales fueron, como siempre, tan sólo una mínima expresión del auténtico fervor popular por su figura. Una grabación de archivo, que llevaba ya seis años guardada en una caja, adquiere especial actualidad, porque permite reconstruir, desde la voz del padre Emilio Barasich, ya fallecido, su genuino y emotivo testimonio sobre el beato que vivió medio siglo en Viedma.

    Emilio Barasich, sacerdote salesiano nacido en Villa Regina (Río Negro) el 28 de septiembre de 1932, fue cura párroco de Carmen de Patagones entre 2000 y 2004. Se reía de él mismo, diciendo “no han encontrado otro, y como la gente maragata es tan buena aguanta lo que le mandan”; pero la verdad es que cumplió su misión con amplio criterio cristiano y una enorme vocación de servicio, habiéndole tocado momentos de tanto dolor en la comunidad como cuando se produjo el desgraciado hecho de la escuela Islas Malvinas.

    Hace casi seis años, en abril de 2002, al concretarse la beatificación de Artémides Zatti –el “pariente de todos los pobres”- el padre Emilio brindó dos testimonios cálidos y emocionantes, que este cronista tuvo la fortuna de poder registrar en el grabador y ahora puede reconstruir para los lectores de Noticias. El documento cobra mayor importancia, desde lo periodístico, porque este buen salesiano murió el 25 de octubre de 2006, en Bahía Blanca, y nos quedó el recuerdo de su voz, de tono particular, con una narración plena de significados. Por eso esta publicación no sólo pretende renovar el homenaje a Don Zatti –en fecha cercana al 57º aniversario de su muerte-; sino también es un reconocimiento póstumo al inolvidable padre Emilio, aquel del guardapolvo azul e infaltable bicicleta recorriendo todos los rincones de Patagones o cualquier otro pueblo en el que le tocara su destino pastoral.

    Zatti me curó esta mano

    Lo que sigue es la palabra de Emilio Barasich. “Era diciembre de 1946, yo estaba terminando sexto grado y estaba en el colegio de Fortín Mercedes. Una mañana llevaba levantada una tapa de hormigón armado, junto con otros dos compañeros. Ellos aflojaron la fuerza y yo no alcancé a aguantar el peso yo sólo, así que la tapa me aplastó la mano izquierda, se me hizo un hematoma grande y me dolía mucho. Me llevaron a la enfermería; ese día estaba de paso por allí Don Zatti y precisamente (por su experiencia en el hospital San José de Viedma) se había puesto a ordenar los remedios. ¿Qué te pasa, hijito? Me preguntó, cuando me vio llegar lloroso y dolorido. Buscó una pomadita y me vendó, mientras me hablaba y me tranquilizaba, me pareció que me curaba más con la palabra que con el remedio. Fue así que a los pocos días estaba sano y salvo. Pasaron los años y esa mano fue consagrada para ir levantando la hostia. Siempre pienso que Zatti se hizo presente con su gesto, de cercanía, tratando de sanar, a veces más preocupado que el mismo paciente”.

    El milagro del joven seminarista

    Seguimos con el relato del padre Emilio. “En febrero de 1980 estaba con el padre Juan Rebok en la casa de formación de los salesianos en Villa Devoto, donde funcionaba la facultad de teología. En ese momento la comunidad de seminaristas se vino hasta Tornquist para pasar unos días de descanso y hacer la planificación del año. En uno de esos días hicimos una excursión hasta Fortín Mercedes, y un muchacho Carlos Bosio, que cursaba primer año de teología, se descompuso. Volvimos a Tornquist, pasó una mala noche, al día siguiente ya no daba más de dolor y lo llevamos al hospital de ese pueblo y de allí lo derivaron con urgencia a Bahía Blanca. Lo internan y lo intervienen inmediatamente, por una peritonitis. Se produce un derrame de la materia afectada y dice el médico: este caso me va a dar dolor de cabeza.

    Pasan unos días y la cosa se complica, el mal iba avanzando, la septicemia. Lo derivan entonces al hospital Muñiz de Buenos Aires, el mejor de la Argentina en materia de infectología. Yo lo acompañé a Bosio desde Buenos Aires, también habían llegado desde Córdoba los padres del muchacho. Apenas llegamos al hospital lo llevaron a una cámara hiperbárica, para hacer un tratamiento y el doctor Zabalza , una eminencia en la materia, se hizo cargo personalmente del caso. Se van produciendo distintos abscesos durante los días siguientes, lo que obliga a numerosas intervenciones quirúrgicas, en el hígado, en el pulmón y el estado se seguía agravando”. “Mientras tanto nosotros, en la comunidad salesiana de Villa Devoto comenzamos a hacer una novena a Don Zatti, de quien hacía poco se había iniciado su causa de beatificación (exactamente el 22 de marzo de 1980, aquí en Viedma), porque nos dijimos: si Zatti quiere ser beato necesita un milagro y por eso empezamos a invocarlo. Las cosas iban mal, la septicemia avanzaba.

    Tuvimos un diálogo con el doctor Zabalza, quien también, desesperado, nos dijo: no tenemos más bibliografía para consultar, es un cuadro de falta de defensa total. Viendo ese médico que había todo un aparato de gente rezando por ese muchacho, desde sus padres hasta sus compañeros, dejó el descanso de esa Semana Santa en el que había planificado un viaje a Punta del Este, para estar en la cabecera del paciente y al mismo tiempo, él que era ex alumno del colegio Don Bosco de Mendoza, aunque no practicaba la religión, decidió dirigirse a la virgen de Pompeya, pidiéndole la gracia de la curación”. “Seguíamos con la novena a Don Zatti y llegamos al viernes santo. Este muchacho seguía mal y presentaba también síntomas de alteración psicológica, como consecuencia del mismo mal y la medicación. El viernes santo el médico les puso las cosas claras a sus padres, como diciendo vayan pensando para mañana el desenlace. Pero el sábado santo de 1980 el joven Bosio parece estar saliendo de un sueño, se despierta y se incorpora en la cama, diciendo: Don Zatti me curó. El doctor Zabalza regresa ese sábado al hospital, se dirige a la cama del paciente, para ver si todavía respira, como les preguntaba Zatti a sus enfermos y Carlitos (Bosio) no sólo respiraba sino que estaba ya más alentadito, como dicen los paisanos. En ese día comenzó a recuperarse notablemente y a la semana ya estaba fuera del hospital, dando las gracias.

    Porque en esto que el doctor había dicho: en este caso la mortalidad tiene el cien por ciento de probabilidades”.

    El análisis del caso

    El padre Emilio hizo una síntesis de las gestiones que, durante 20 años, llevaron a la confirmación de la curación milagrosa. “Nosotros hicimos una petición al director del hospital para que nos facilitara la historia clínica, nos permitieron hacer una fotocopia y con ese documento se fue haciendo el proceso ante el tribunal eclesiástico y la junta médica de la Santa Sede. Allá esos médicos son muy exigentes, como quien dice: le buscan el pelo al huevo. La primera presentación no prosperó, entonces se tuvo que hacer de vuelta con la intervención del doctor Hertiz de Bahía Blanca, con un nuevo estudio, bien crítico, con más precisiones técnicas y finalmente los médicos de Roma se declararon en favor del milagro, porque humanamente no existía explicación. Luego se hizo el tribunal eclesiástico en 1998, en Buenos Aires, con la presidencia de monseñor Nolasco, en donde intervinimos los 14 testigos, declarando de acuerdo al formulario correspondiente.

    Entonces se presentó todo ante la causa de los santos en la Santa Sede y allá los teólogos también consideraron que se trató de un milagro. Ya para entonces estábamos en el mes de marzo del 2000”; (y el joven seminarista Carlos Bosio que había escapado de la muerte, gracias a la intercesión de Zatti, entre marzo y abril de 1980, se había convertido en sacerdote salesiano, acota el cronista).

    La reflexión del padre Emilio

    Ya en el corolario de aquella charla, en la parroquia de Patagones una tarde de marzo del 2002, se le pidió al padre Emilio una reflexión final sobre Don Zatti y su larga mano, afectuosa y curativa. “En febrero de este año nos hemos reunido en Rawson una parte de la inspectoría salesiana de la zona sur y hemos reflexionado durante tres días sobre Don Zatti. La conclusión final es la de no presentar a Zatti con un halo triunfalista, digamos como tocando la campana. Sino un Zatti que es testigo de la caridad y la santidad. El mensaje es este: veamos qué es lo que Zatti nos está diciendo a nuestra gente, a la Argentina en estado de enfermedad, en terapia intensiva ((estábamos en los primeros meses del 2002, poco después de la profunda crisis del gobierno, con la economía del país en bancarrota, se recuerda).

    Nos dice de ir caminando en la esperanza, con el testimonio de la santidad. El médico y el enfermero curan la enfermedad, aquello que contamina el cuerpo. Si no saneamos este cuerpo argentino desde su interior, quitando y sanando toda corrupción, vamos a estar en la camilla, debatiéndonos en una crisis que no termina.

    Desde su testimonio de santidad y vida podemos escuchar la palabra de Jesús al paralítico, la palabra del Papa (se refería a Juan Pablo Segundo) a la Argentina, cuando nos visitó.

    La palabra de Don Zatti a los enfermos: levántense y caminen”. (Este testimonio grabado hace seis años sigue teniendo vigencia y nos ayuda a reflexionar sobre el mensaje permanente de Don Zatti).

    Fotos: Una escultura en el jardín de ingreso a la iglesia Don Bosco, refleja las claves de la espiritualidad de Don Zatti./ El altar en el cual se encuentran sus restos en la misma iglesia./ El obispo de Viedma (izquierda) Esteban Laxague -utiliza únicamente la bicicleta para moverse por la capital rionegrina- junto al párroco Pedro Narambuena. / Altar mayor de la iglesia Nuestra Señora del Carmen, en Patagones, la imagen de Don Zatti, acompaña a la Virgen del Carmen -a su izquierda-, mientras a su derecha se encuentra la imagen de Ceferino Namuncurá.

    * El artículo sobre el testimonio del Padre Emilio Barasich fue publicado originalmente en el diario “Noticias de la Costa” de Viedma, en una nota realizada por el prestigioso periodista Carlos Espinosa.

    Fuente: Daniel Baroni/ Turismo 530

Respuesta a: Don Artémides Zatti, el enfermero Santo de la Patagonia
Tu información: