Chimpay – Parque Ceferino Namuncurá

Sobre la Ruta Nacional Nº 22 se ha elevado unos de los numerosos pueblos sureños con nombre autóctono, vocablo araucano: “CHIMPAY” que significa lugar de descanso. Enclava entre dos formaciones naturales, las “bardas”, elevaciones características de nuestra meseta que bordea la ruta por el norte y el legendario Currú Leuvú (Río Negro) por el sur, tras el cual reiniciarse la presencia de las bardas. Hermoso valle del Río Negro.

El curso madre del río, unos de los tantos brazos que se desprenden, se acerca al pueblo. Allí un bosquecillo de tamariscos, junto al puente que los une pueblo y colonias, conforman un parque natural, ideal para pasar el día, sobre todo en época estival, aprovechando que el cauce no es profundo y no existe demasiado peligro. Este parque es visitado por numerosos turistas, viajeros que desean conocer este rincón por su importante significado histórico religioso…

El asentamiento concentrado en esta subregión no ha entrado en conflicto con el medio ambiente. Una de las razones que se trata de un asentamiento pequeño y que en el sitio elegido para tal, no existen bardas cercanas al casco urbano.

Tras el parque la Colonia Ceferino con sus típicas chacras, bordeadas las acequias por álamos con el agua gaseosa que lame los frutales y camellones de tomates y morrones, no han dejado indicio alguno de los poblados montes de chañares que existían hace más de una década.

Después el pueblito… un conglomerado de casas, gente laboriosa y simple. Luego vienen los edificios importantes: la escuela, el correo, la comisaría, la municipalidad.

Aproximadamente 5000 hab. viven hoy en Chimpay, contando la colonia y centro urbano… su fama ha superado los cálculos más optimistas. El mancebo de la tierra (Ceferino) ha llegado a todas partes: se lo ve en las librerías y en los kioscos; los lugares donde él estuvo son meta de peregrinaciones, se mueven caravanas desde todos los rincones del país y del exteriores hacia este foco de vida espiritual.

EL COMIENZO

Según Acta Nº 433 del 10 de septiembre de 1967, del libro de reuniones del Concejo Municipal, con la presencia de los señores Gregorio Garodnik, Enrique Hernalz, Pedro Ferrari, José Alberto Pérez y Benigno Prada, deciden hacer un parque recordatorio de Ceferino Namuncurá cerca de la bajada de “Paso Corto”.

Así comienza un largo trayecto de crecimiento de ideas y proyectos que darían vida al actual Parque donde se reúnen año tras año los devotos del Lirio de la Patagonía.

Hoy el Parque Ceferino Namuncurá, a orillas del río Negro, es el lugar de encuentro para todos los fieles que se acercan a Chimpay para visitar a Ceferino.

El Monumento que en sí traduce la sencillez el indiecito, guarda la imagen del “Lirio de la Patagonia” en una talla de madera realizada por el escultor Juan Sánchez. Este es el emblema de Chimpay.

Acompañan en este sector del Monumento, para embellecer el área las denominadas “Plazas de Placas” modernos espacios que contienen las placas ofrendadas por los fieles a lo largo de los años. Son lugares íntimos preparados para abrazar los pedidos y promesas a los que nos tiene acostumbrados Ceferino.

Actualmente se está preparando la iniciación de una capilla, que estará realizada de forma tal, que trasunte el carácter del lugar significando la solidez de los antiguos templos. Orientando hacia el Monumento llega a conformar un recorrido entre acequias y manzanares.

De igual manera, pensando en los fieles y su descanso se prevé la ejecución de un albergue donde también podrán compartir inolvidables momentos a orillas de la “Laguna de los Patos”, y perduraran los hermosos atardeceres Patagónicos.

Todos los años, desde hace varias décadas la pequeña localidad de Chimpay se apresta a recibir en la “Semana de la Fe” a millares de peregrinos que, a veces desde los más diversos lugares del país y del exterior, vienen a pedir y agradecer favores propios, familiares y amigos o por simple devoción a Ceferino, a quien consideran casi un santo a pesar de que la Iglesia Católica aún no ha decidido beatificarlo.

Para descanso del peregrino un frondoso parque a la vera del río enmarca el Monumento a Ceferino. Allí la naturaleza pareciera participar del gozo por mantener viva su memoria. Transitar los lugares que fueron gratos a Ceferino durante su estancia en el lugar, embarga de emoción al visitante.

La fama de Ceferino a superado los cálculos más optimistas. El mancebo de la tierra ha llegado a todas partes: se lo ve en las librerías y en los kioscos, alternando victoriosamente con los santos que gozan de mayor predicamento; lo mismo campean el tablero de los colectivos que sobre el escritorio de un ministro; llevan su imagen los obreros que están revocando un frente y el arquitecto que dirige la obra. Chimpay, donde el Lirio pasó su infancia, es meta de peregrinaciones; desde todos los rincones del país se mueven caravanas para venerarlo, y su fama reparte beneficio de toda índole hacia los cuatros vientos.