Camino Franciscano

El camino Franciscano y de la Artesanía sigue las huellas de la Orden Franciscana que fundó pueblos abiertos y dejó a su paso valiosas obras de arte. El recorrido, que permite también conocer a los artesanos en sus propios pueblos, parte de Asunción y conduce a Ypané, Altos, Itá, Atyra, Yaguarón, Piribebuy, Tobatí, Caacupé, Luque, Valenzuela, Villarrica, Caazapá, Areguá, Itauguá y S. J. Nepomuceno.

Existen opciones de visitar quince pintorescos pueblos por rutas, el más distante de ellos se encuentra a 300 Km. de Asunción.

La rica tradición colonial en la que convergen las culturas guaraní e hispánica, ha permitido en el Paraguay el constante desarrollo de una gran diversidad de artesanías.

Algunas de las estaciones más importantes del Camino Franciscano son Capiatá (bellísimos retablos y púlpito barrocos), Yaguarón (Extraordinario conjunto de retablos, imágenes, púlpito, confesionarios y demás obras de arte barrocas), Atyrá (notables retablos, capital ecológica del Paraguay), Tobatí (Bellos retablos del siglo XVII, artesanía en cerámica y madera, Caazapá (bellos retablos e imágenes coloniales).

En 1525, Alejo García, náufrago de la expedición de Solís al Río de la Plata, llegaba al Paraguay. Cincuenta años más tarde, se hicieron presentes los franciscanos Fray Luis de Bolaños y Fray Alonso de San Buenaventura. No fueron los primeros franciscanos en llegar, pero fueron los primeros en organizar doctrinas, reducciones, misiones y pueblos en los que la convivencia pacífica entre españoles y guaraníes se hizo posible.

En 1580 fue fundada la ciudad de Altos, desde entonces los pueblos franciscanos fueron estableciéndose a lo largo y ancho de la región oriental del Paraguay. En estos pueblos el ideal franciscano de pobreza y paz convivió con el sueño guaraní de una tierra sin mal, Yvy maraë´y, y ambas ideas se confundieron en nueva forma de relación entre los hombres. A la sombra de sus humildes y bellísimas iglesias y al toque de sus campanas fue forjándose un temperamento de fraternidad entre los hombres que aspiraba a la utopía.

Estos pueblos son hermosos en su sencillez y en ellos todavía se respira el sosiego espiritual que sus fundadores, guaraníes y franciscanos, les imprimieron. Como escribe Teresa Corella en la presentación de la Guía del Camino Franciscano del Paraguay, «la verdadera belleza de estos pueblos consiste en la sencillez de sus costumbres, en el pausado transcurrir de un tiempo que parece detenido, en la paz. Ese lujo imposible en la postmodernidad que se respira en cada esquina, en el espíritu franciscano, en fin, que todavía sobrevive. Sumergirse en esa paz y en ese espíritu es volver al sentido mismo de la vida. Visitar los pueblos del Camino Franciscano del Paraguay es una experiencia inolvidable.

Fuente: Senatur Paraguay